Retomo este blog que, por haber dedicado mi tiempo literario al género epistolar, tenia casi olvidado en el estante inferior de mis rutinas, cubierto por el polvo del olvido y el desinterés. Y lo hago para cerrarlo, pues su trayectoria ha sido corta y sin fuelle, como de compromiso, apenas para mantener el ejercicio lingüístico, pero sin mucha sustancia. Quizás en otra ocasión lo vuelva a retomar, porque el transcurso de los aconteceres tiene más de remolino manso que de cauce remoto.
Como le he tomado el gustillo a la confesión intima y personal, dentro de lo que se permite en un medio abierto aunque discreto, he pensado reiniciar mi espacio en la red con la fórmula de la misiva a un personaje ficticio, Frankestein bello y amble compuesto de los más finos trazos que conforman la mujer ideal, inexistente por definición. Falta un nombre: Berta está ya ocupado (Cartas a Berta); Magda tiene historia, Pepa también, Paloma lo mismo, Concha... no se. Falta un nombre que desenrede de las circunvalaciones mentales los hilos de un discurso fresco y coherente y a ser posible, sustancioso, aunque las vanalidades también son necesarias. Puede que el primero, Magda, por pertenecer a un personaje real sea una solución. Probaremos con : Cartas a Magda.
Como le he tomado el gustillo a la confesión intima y personal, dentro de lo que se permite en un medio abierto aunque discreto, he pensado reiniciar mi espacio en la red con la fórmula de la misiva a un personaje ficticio, Frankestein bello y amble compuesto de los más finos trazos que conforman la mujer ideal, inexistente por definición. Falta un nombre: Berta está ya ocupado (Cartas a Berta); Magda tiene historia, Pepa también, Paloma lo mismo, Concha... no se. Falta un nombre que desenrede de las circunvalaciones mentales los hilos de un discurso fresco y coherente y a ser posible, sustancioso, aunque las vanalidades también son necesarias. Puede que el primero, Magda, por pertenecer a un personaje real sea una solución. Probaremos con : Cartas a Magda.
Espero que les merezca la pena