viernes, 30 de enero de 2009

La maldad


La maldad existe y es la forma con la que el mito del demonio se materializa entre el hombres Primero se da la maldad como suceso real, hecha realidad en los actos concretos de los indivíiduos y después estos crearon el mito del demonio como complemento de la dicotomía de Dios/Demonio. Y no es que los hombres sean intrínsecamente malos, ni tampoco que sea sustancialmente buenos, en el sentido de que su ser sea dañino o bondadosos en su totalidad. Los seres humanos tienen y mantienen, como individuos, actitudes negativas y positivas simultanea y/o alternativamente. Pero hay personas que son proclives a posiciones netamente destructivas y otras que ejercen más de magnánimas, comprensivas, tolerantes, o sea de buenas. Y las hay que, según el marco, son inteligentes, candorosas y dulces por momentos y agrias, irracionales e injustas en otros. La personalidad de los individuos es compleja y resulta difícil enjuiciar de manera ecuánime sus actos, pero es cierto que hay gente que lo hace todo más sencillo y gente que se complica y complica la existencia. Forma parte de la naturaleza del ser humano. Si todos fuéramos como una balsa de aceite, la cosa no tendría gracia: tienen que coexistir las lagunas plácidas con los mares encrespados, es ley de vida. A ver donde decidimos navegar o a donde nos arrastra la corriente.

martes, 27 de enero de 2009

Carpanta en suahili


Las noticias o las informaciones de prensa parecen hechas para oponerse y contradecirse. Por un lado, en alguna página de salud se analiza el problema de la obesidad, primero la infantil y luego la adulta, que se relaciona con la dieta hipercalórica, el uso del alimento como placer y como ansiolítico, y el sedentarismo propio de la desaparición de los juegos tradicionales en los niños y de los trabajos de esfuerzo físico en los adultos. Por otro lado aparecen las cifras del hambre, que crecen a la par que la explosión demográfica: casi mil millones de personas, setenta millones más que el año pasado, no tienen comida suficiente, llegando gran parte de ellos a la pobreza extrema y a la muerte prematura por enfermedades relacionadas con la desnutrición, cuando no directamente por la inanición. Esta situación se suele aderezar con el consumo de agua de muy mala calidad, contaminada tanto por detritus humanos como por fertilizantes o pesticidas, y una vida angustiada por la incertidumbre del porvenir inmediato. Y como fondo de este cuadro, la miseria, la explotación, las enfermedades endémicas y todo lo negro y tétrico que podamos pintar.

Hacer un comentario ingenioso, inteligente, esperanzador, optimista de este estado de cosas, que anime a tener una actitud positiva y a la búsqueda de soluciones, es posible, pero ahora no me sale. La dificultad no está en el problema descrito sino que soy muy mal escritor, pues de lo contrario surgiría una chispa que daría un tono amable a esta realidad.

Me acuerdo de los tebeos de Carpanta, aquel fámulo,de aspecto burgués venido a nada de nuestra posguerra, si bien se prolongó hasta mi infancia, cuya hambre canina se veía siempre insatisfecha –comer se frustraba en el último momento- y que soñaba con capones asados, pucheros humeantes y cestas cargadas de viandas varias.

Se me ocurre crear un émulo de nuestro Carpanta, aunque quizás caracterizado de etíope, negrito zumbón, que, arrastrando su cuerpo famélico, se le vayan sus ojos saltones detrás de un cesto rebosante de mandioca, de un guisado de mijo o, mejor aún, de un buen puñado de saltamontes –chapolines- fritos. No se como se dirá “quiero comer” en suahili, habría que buscar un traductor nativo, pero “ñam, ñam” debe ser universal. Quizás los caquécticos etíopes que leyesen estas viñetas no coman ese día, pero se reirían hasta de su sombra de alambre. Es cuestión de imaginación y buen humor.

miércoles, 7 de enero de 2009

Tiempo, razón y sentimientos


La vuelta a la actividad normal, al ritmo que se tenía antes de empezar las vacaciones, tiene un denominador común. La sensación de que el tiempo ha pasado muy deprisa. Posiblemente la idea de tiempo, de su transcurso, uso, aprovechamiento, sea el concepto que más páginas de filosofía a motivado. En nuestra sociedad, el tiempo va asociado a la acción: qué ha pasado, qué he hecho en este tiempo. En otras culturas, quizás vaya más ligado a la vivencia, la contemplación y la reflexión: cómo me he sentido, qué he aprendido, cómo soy ahora... Como en tantas cuestiones de nuestra vida, la doble visión (reflexiva y resolutiva) del tiempo es la mejor para nosotros, otra cosa es lograr ese equilibrio.

Cuando uno se enfrenta en el papel al análisis de cualquier cuestión, hay una tendencia a que el argumento se acerque a lo racional, de modo que se parezca a un clásico libro de autoayuda. Aparecen esas propuestas o ideas maravillosas si las aplicamos realmente. Pero, como dice mi amigo psicoanalista, el ser humano no es solo cerebro, es también deseo, emoción e impulso, que no siempre se puede dominar desde la racionalidad. De hecho, la psicología se enfoca desde distinta manera teniendo en cuenta esa realidad. Los que nos movemos en el mundo universitario tenemos tendencia, deformación profesional, a sobreestimar la capacidad intelectual y nos olvidamos de los deseos y los instintos, como algo de más baja calidad, propio de voluntades débiles. Pero llegado el momento de la verdad, lo visceral ocupa su sitio en la acción, de igual a igual con la razón.

Ambas cuestiones, el tiempo y la dicotomía entre sentimiento y racionalidad, se nos plantean en sus múltiples formas cuando se han resuelto las necesidades biológicas más primarias.

jueves, 1 de enero de 2009

Lujuria en Nochebuena


La Nochevieja, que ahora se llama Fin de Año, no se si será cosa de la globalización, está llena de mitos. El más típico es que tenemos que vestir una prenda interior roja. Podría ser una camiseta de tirantas o un corpiño, pero normalmente se refiera a unos calzoncillos (ahora eslip) o a unas bragitas (ahora tanga). La segunda es que hay que divertirse de manera exagerada, lo que implica estar ingenioso, atrevido, exultante, eufórico... Y si no te sale al natural hay que atiborrarse de alcoholes varios, a ser posibles bien mezclados: cerveza de entrada, vino blanco para la sopa o el pescado, tinto para la carne, cava para los postres, digestivo luego y guisquis, ginebras o ron para el resto de la velada. Si eres fumador, no es mi caso, tabaco hasta someter a la cámara de gas a todos los presentes y si eres alternativo, algún porro o equivalente. Si no eres alternativo pero vas de glamuroso, puede que aparezca una ralla o un grabado de Goya entero. La música al cuádruple de los decibelios tolerables. Y después de todo eso, se espera que la cosa termine en lujuria y perversión.


Uno de los momentos más felices de la Nochevieja, ahora Fin de año, es el chocolatito con churros por la mañana, en la churrería de guardia (en Sevilla es tradición) y el otro, cuando, con el sol ya casi alto, se mete uno en la cama sin pijama y sin pretensiones, que hace falta reponerse para que las hormonas vuelvan a circular con eficicencia.

A veces, con un poco de suerte, la Nochevieja transcurre en grata compañía, con música melodiosa, tomando solo el alcohol que apetece -cava, poquito a poco, atenuado con unos bombones de chocolate- y divirtiéndose de forma menos estridente y más gratificante. Entonces la noche puede terminar como empezó: muy bien. Puede que haya soluciones intermedias, pero en este tiempo de extremos se toman por mediocres. Ellos se lo pierden.