A veces uno se siente solo. Se tiene algo que comunicar y no hay nadie al otro lado de la mesa del bar, del sillón de confidente, del banco de la plaza o del hilo telefónico. Y es que el hombre necesita a otra persona con quien confidenciar, a quien llorar, con quien reír. Cuando esto no ocurre, porque este mundo está superpoblado de solitarios, queda el recurso de duplicarse, como en la novela de Saramago -solo se el título, no la he leído- y contarse asimismo lo que le pasa, lo que le duele, lo que le atenaza. Puede hacerlo confidencialmente, de modo que los demás, los extraños, los intrusos no se enteren, aunque vislumbren mil angustias que disipar, mil anhelos que recrear, mil proyectos que soñar y mil desengaños que lamentar. Y la forma de comunicar con ese otro yo, que lo escucha sereno, receptivo, a la medida de nuestra necesidad, es a través de la escritura. Con un poco de suerte, estas líneas indiscretas no saldrá a la luz semipública. Solo están destinadas a mi otro yo mismo. Por eso no entro en detalles
jueves, 26 de febrero de 2009
¿Hay alguien al otro lado?
A veces uno se siente solo. Se tiene algo que comunicar y no hay nadie al otro lado de la mesa del bar, del sillón de confidente, del banco de la plaza o del hilo telefónico. Y es que el hombre necesita a otra persona con quien confidenciar, a quien llorar, con quien reír. Cuando esto no ocurre, porque este mundo está superpoblado de solitarios, queda el recurso de duplicarse, como en la novela de Saramago -solo se el título, no la he leído- y contarse asimismo lo que le pasa, lo que le duele, lo que le atenaza. Puede hacerlo confidencialmente, de modo que los demás, los extraños, los intrusos no se enteren, aunque vislumbren mil angustias que disipar, mil anhelos que recrear, mil proyectos que soñar y mil desengaños que lamentar. Y la forma de comunicar con ese otro yo, que lo escucha sereno, receptivo, a la medida de nuestra necesidad, es a través de la escritura. Con un poco de suerte, estas líneas indiscretas no saldrá a la luz semipública. Solo están destinadas a mi otro yo mismo. Por eso no entro en detalles
martes, 3 de febrero de 2009
Todo negro: ¡¡Un buen chiste por favor¡¡¡
¡Dios, como está la calle! Y no me refiero solo a la rúa de mi bloque ni a la avenida de más allá. Se trata de los medios de comunicación plenos de noticias desalentadoras y de las cafeterías vacías de clientes. Nadie se explica porqué pasa esto, si todo el mundo se comporta más o menos igual hace cuatro años que antes de ayer. Hemos trabajado (los que aún lo hacemos) y consumido más o menos lo mismo, nuestra contribución al sistema no ha variado. Los expertos explican lo que ha ocurrido, pero no saben como evolucionará. Los políticos modifican, sin complejos, la subida del paro y la bajada del crecimiento, ahora subida de la recesión, y nos aseguran que pronto la cosa empezará a mejorar, que ya hemos tomado fondo.
Si la economía es una ciencia social, nada exacta, basada en la confianza que genere el sistema en los entes económicos, individuos e instituciones, se necesita inyectar una fuerte dosis de optimismo en la sociedad. Propongo dedicar parte de lo dedicado a apuntalar a los bancos a crear escuelas de humoristas que nos levanten el ánimo. ¡Más chistes y menos datos!
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