¡Dios, como está la calle! Y no me refiero solo a la rúa de mi bloque ni a la avenida de más allá. Se trata de los medios de comunicación plenos de noticias desalentadoras y de las cafeterías vacías de clientes. Nadie se explica porqué pasa esto, si todo el mundo se comporta más o menos igual hace cuatro años que antes de ayer. Hemos trabajado (los que aún lo hacemos) y consumido más o menos lo mismo, nuestra contribución al sistema no ha variado. Los expertos explican lo que ha ocurrido, pero no saben como evolucionará. Los políticos modifican, sin complejos, la subida del paro y la bajada del crecimiento, ahora subida de la recesión, y nos aseguran que pronto la cosa empezará a mejorar, que ya hemos tomado fondo.
Si la economía es una ciencia social, nada exacta, basada en la confianza que genere el sistema en los entes económicos, individuos e instituciones, se necesita inyectar una fuerte dosis de optimismo en la sociedad. Propongo dedicar parte de lo dedicado a apuntalar a los bancos a crear escuelas de humoristas que nos levanten el ánimo. ¡Más chistes y menos datos!
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