lunes, 29 de diciembre de 2008

Pasado de moda


Pasado
mañana es Nochevieja y a algún sitio tendré que ir, aun no se a cual, pero eso no viene al caso. Miro mi armario y me doy cuenta que con la pérdida de peso necesito unas tallas más pequeñas. Tengo sin embargo un chaquetón de paño magnífico, recio y suave a la vez, de gran calidad, que me queda aceptablemente bien. Pero presenta un problema. Los hombros tienen unas hombreras tremendas y sin el corte en el hombro -no se como se dice en el argot costureril pero ya me entienden- que lo hace visiblemente pasado de moda. Camino del mayor núcleo comercial de la ciudad -la milla de oro- me fijo y, efectivamente, no veo a nadie que lleve uno así. No me queda más remedio, si no quiero pasar por casi marginado social, que comprarme otro quizás no tan bueno pero con la manga a la moda.

Voy a gastar en una prenda que no me hace falta desde un punto de vista práctico pero si social una pasta que me cuesta bastante esfuerzo obtener, y voy a renunciar a algo a cambio de ello. Ustedes dirán: -Bueno, este
tío que es consecuente y pasa de convencionalismos va a dedicar ese dinero a darse un pequeño viaje, a comprarse unos buenos libros, un equipo de música para deleitarse con los clásicos, o incluso lo va a donar a una ONG. Pues no. He comprado el susodicho chaquetón, eso sí, el más rebajado que tenía la dichosa mangita cortada al hombro.

Vivimos en una sociedad que funciona por y para el
consumo. La moda cumple la función de convertir en obsoleto lo que funcionalmente es útil. La economía necesita que derrochemos recursos, que contaminemos el habitat, que explotemos a la mitad de la población mundial para que viva "dignamente" la otra media. Por eso tenemos que tirar ropa en perfecto uso, para que la cadena siga. Es ridículo.

Se debería aprovechar la crisis para cambiar el modelo económico y social. Fundar la economía en un consumo inteligente, de manera que se produzca solo lo que se necesite, pero para todo el mundo. Estudiar muy bien los nuevos productos que se lanzan al mercado, no cambiar las modas, no ofrecer nuevos artículos hasta que los antiguos no esté amortizados y las ventajas de la nueva tecnología justifique realmente la inversión. Pueden estar seguros que viviríamos igual de felices, o más aún, porque disfrutaríamos más con la literatura, los paseos en el parque o los deportes de equipo que con el último
aparatejo electrónico de usar y tirar y el más reciente y sanguinario de los videojuegos. Y además con la buena conciencia de que toda la población tendría acceso a esos bienes.

Probemos leer, conversar, pasear por las calles, los parques y los senderos, y escuchar música en la radio. Solos o en compañía, sueltos o cogidos de la mano. Y con el chaquetón raído y cargado de historias de siempre. Diseñemos un estilo de vestir que no pase nunca de moda.

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