domingo, 28 de diciembre de 2008

Putas y decentes


Hoy he conocido a una mujer de las que los antiguos decían "de bandera". Esta antigua amiga de un colega, de la que ya tenía referencias, ha luchado contra la adversidad con la fuerza que solo puede tener toda una mujer: la muerte tras larga enfermedad de un marido joven, el desplante a un mes de casarse de un novio imbécil -de eso se ha librado- la educación de dos adolescentes, una de ellas especialmente bravía, y la necesidad de sacar adelante la economía familiar trabajando con sus manos. Además, es bonita y su mediana edad no le quita ni un ápice de belleza. Lo mejor, presume de mujer cabal, de las que no se acuestan con el primero que pilla, ni con el segundo, ni con el tercero, porque su honra y su nombre vale más que eso, aunque reconoce que alguna vez no le han faltado ganas, es natural. Le pregunto si conoce a muchas mujeres como ella y me dice que sí, que las hay, porque las otras, las que se acuestan con un hombre a la primera de cambio, son unas putas. Me lo dice con convicción, y la creo.

Hace tiempo que no oigo hablar a una mujer con esa claridad. La de llamar puta a la que se da un revolcón cada vez que se le presenta la oportunidad. Ahora esa expresión resulta casi anacrónica y lo que antes era una puta ahora es una mujer liberada y lo que ahora es estrecha antes una mujer decente. La
palabra decente, lo contrario que puta, también ha quedado pasada de moda. Decente versus puta ya no tiene cabida en este tiempo. Los valores, dicen, han cambiado. Los individuos se han quitado el corsé de la represión, parece ser. ¡Que jodido! cuando era joven me tocó reprimirme y ahora que trato de funcionar con principios, resulta que tengo que desinhivirme.

Probablemente hablo como un carca. Como un hombre que vive en esta época , tendría que parecerme normal esa actitud. Presiento que me va a costar acostumbrarme a estos usos, aunque se supone que por mi formación debería ser tolerante y acorde con una mentalidad abierta y progresista. Pues en otras cosas sí que lo soy, pero en esta no. Prefiero mil veces una mujer estrecha y decente que liberada y puta. Perdón por el tono machista y
posiblemente trasnochado que ha adquirido el texto. Tampoco me gustan los tíos que van de sementales indiscriminados, o discriminadores, me da igual. Me parecen igual de golfos y banales. Sigo aferrado al sexo como sustancia física del amor. Ridículo, ya lo se, pero de momento, dejémoslo así.

Me ha encantado esa mujer. Me da esperanza saber que no es la única. ¡Ojalá que le vaya bonito!

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